EXAMEN FINAL

Análisis sistemático y fundamentado de la relación teológica y conceptual que vincula el libro del Apocalipsis con los demás escritos del Corpus loanneum, a saber, el Evangelio de Juan y las tres Epístolas joánicas.


1. Cristología Juanina.

La presentación de Jesucristo como el Logos encarnado y el Cordero de Dios en el cuarto Evangelio con la figura del Cordero triunfante y el Guerrero escatológico en el Apocalipsis.

 En el primer versículo de su Evangelio, Juan presenta a Jesucristo como el Logos encarnado, un término con el que tanto judíos como gentiles estaban familiarizados. Para los griegos, «Logos» significaba pensamiento, discurso y razón¹. El pueblo judío lo asociaba con la «Palabra» de Dios en el Antiguo Testamento². Al llamar a Jesús Logos, Juan le estaba diciendo a sus lectores judíos que Jesucristo es la Palabra que ya existía, y estaba con Dios y era Dios; es decir, que «el Hijo fue enviado para revelar el pensamiento de Su Padre al mundo», tal como lo expresa Matthew Henry³. O como se menciona en Juan 1:18: «A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer».

 Otro título que se le da a Jesús es “el Cordero de Dios”. «El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn. 1:29). En este pasaje, Juan el Bautista revela que Jesús es el Cordero prometido, provisto por Dios mismo para quitar no solo el pecado de Israel, sino el del mundo entero⁴. Mientras que en Apocalipsis 17:14 aparece como “el Cordero triunfante”, o el Rey victorioso: «Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles».

 Podemos decir que Aquel que era el Logos eterno se humilló como Cordero para quitar el pecado del mundo, y ese mismo Cordero inmolado ha triunfado para abrir los sellos (Ap. 5:5-6), y volverá como Guerrero para ejecutar el juicio final. «Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea». (Ap. 19:11). En palabras de MacArthur: «Jesucristo vino la primera vez como Salvador; Él volverá como Juez. [...] Ya no aparece más en esta visión [como] el siervo sufriente, [sino] como el Rey guerrero que pelea contra sus enemigos. [...] La gloriosa venida de Jesucristo es, por consiguiente, la culminación de la historia de la redención»⁵.


2. Eclesiología y Conflicto Histórico. 

La situación de las siete iglesias de Asia Menor bajo el contexto del culto imperial romano (el reinado de Domiciano).

 En el segundo y tercer capítulos del Apocalipsis encontramos siete epístolas a las siete iglesias de Asia, las cuales son importantes porque nos permiten conocer mejor a los cristianos del primer siglo y los problemas que enfrentaban durante el reinado de Domiciano.

Domiciano fue emperador romano desde el 81 hasta el 96 d.C. y el tercer y último miembro de la dinastía Flavia⁶. En los últimos años de su reinado, Juan era el único de los apóstoles que sobrevivió a la persecución cristiana, y durante su exilio en la isla de Patmos «por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús» recibió la revelación de Jesucristo. Muchos investigadores y estudiosos de la Biblia coinciden en que el libro del Apocalipsis fue escrito como «reacción a la intolerancia religiosa del emperador, que se hacía llamar a sí mismo “Dominus et Deus” (Señor y Dios)»⁷.

 Domiciano fue señalado por los escritores cristianos antiguos —principalmente por los Padres de la Iglesia— como el segundo emperador romano en perseguir a los cristianos, luego de Nerón.. Las primeras menciones de esta persecución provienen de Eusebio de Cesárea, quien sostiene que «Domiciano reavivó la persecución y promulgó edictos contra los cristianos»⁸. Tertuliano señaló que Domiciano «casi igualó a Nerón en crueldad»⁹. Por su parte, Clemente exhortaba a los creyentes a rogar por las autoridades¹⁰. Aunque no se puede determinar con certeza dicha persecución contra los cristianos por la falta de evidencia, el trato que recibieron estos testigos fieles de Jesucristo, «son ejemplos de la falta de libertad religiosa que habría tenido lugar en esa época»¹¹.

 En ese contexto, la situación de las siete iglesias de Asia Menor no puede verse con ligereza. Fácilmente tendemos a señalar el comportamiento de otros creyentes sin ponernos en su lugar. Vemos la historia de la Iglesia con ojos de la comodidad del siglo XXI, donde existe la libertad de religión, especialmente los que vivimos en este continente. Sin embargo, cuando se analiza el contexto histórico de Asia Menor a finales del siglo I (durante los reinados de emperadores como Nerón o Domiciano), la perspectiva cambia por completo. Aquí es donde debemos mostrar el amor por nuestros hermanos en la fe.

 Pero independientemente de los problemas que enfrentaba cada iglesia local en Asia, no podemos justificar su pecado. Es por eso que el Señor Jesucristo les advierte que conoce sus obras y vendrá pronto a pedirles cuentas. Al hacerlo, les estaba mostrando que no las había abandonado, sino que se preocupaba por el bienestar espiritual de cada una; y las exhorta a volverse a Él, para ser restauradas y halladas fieles como vencedoras en su venida.


Fidelidad, sufrimiento y victoria sobre el mundo y discernimiento de falsos maestros en las Epístolas y el Apocalipsis.

 Las epístolas juaninas y el Apocalipsis comparten la misma preocupación por la forma en que la comunidad cristiana debe vivir en un mundo que se opone a Dios. Anteriormente, vimos que la realidad de los primeros cristianos era muy ajena a la nuestra. Mantenerse fiel a Jesucristo implicaba perseverar en el sufrimiento y apartarse del mundo sin reservas, así como tener el discernimiento para reconocer las enseñanzas de falsos maestros.

 Robert Murray M'Cheyne, en su comentario sobre Las Siete Iglesias de Asia, señala: «La iglesia de Esmirna estaba muy atribulada, pero era la más pura de todas ellas. [...] Muchos de sus miembros fueron quemados en la estaca. Su obispo, Policarpo, un hombre precioso, recibió una muerte cruel: y no es que Satán no esté ocupado ahora, pero es, a veces, como un león rugiente, y otras como un ángel de luz»¹².

 No existe un solo cristiano que no haya de sufrir en alguna forma. Mientras unos son perseguidos por causa de Cristo, otros enfrentan tribulaciones de pobreza y otros se encuentran en un hospital luchando por su vida. No importa la situación que enfrentemos, porque está escrito que sufriremos. Pero no debemos de temer porque somos bienaventurados cuando enfrentamos estas tribulaciones, esto da testimonio de que somos hijos de Dios. Alguien dijo que este mundo será el único cielo que los incrédulos disfrutarán, pero también el único infierno que los creyentes sufriremos. No temamos los reproches, no temamos la persecución, no temamos ninguna de estas cosas que vamos a sufrir. Porque las promesas que Jesucristo hizo a las siete iglesias de Asia, también van dirigidas a nosotros si permanecemos fieles a su llamado.

 En sus epístolas, el apóstol advierte a sus lectores sobre los falsos maestros y les muestra cómo deben presentar defensa frente a sus falsas enseñanzas. «Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo» (1 Jn. 4:1). En las siete iglesias de Asia, Jesucristo mismo denuncia las actividades de estos falsos maestros dentro de las comunidades cristianas y les llama la atención a quienes lo consienten.

 En Éfeso, estaban los que decían ser apóstoles y no lo son, y la doctrina de los nicolaítas. En Esmirna, la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás. En Pérgamo, la doctrina de Balaam y de los nicolaítas. En Tiatira, Jezabel, una falsa profetisa que enseñaba a los siervos a fornicar y comer lo sacrificado a los ídolos. En Sardis, hombres que aparentaban estar bien con Dios, pero no vivían conforme a su voluntad. En Filadelfia, nuevamente se presentan los que dicen ser judíos y no lo son, sino sinagoga de Satanás. En Laodicea, no eran fríos ni calientes.

 A veces el mayor peligro no se encuentra en la persecución, sino en falsas doctrinas como las de los nicolaítas, Balaam y Jezabel que se introducen silenciosamente o abiertamente dentro del pueblo de Dios. He escuchado de varios predicadores decir que la persecución no debilita a la iglesia, sino que la fortalece; porque solo los creyentes verdaderos permanecen fieles al Señor cuando enfrentan tribulación. La historia de la Iglesia es un testimonio vivo, nos recuerda los sufrimientos que hemos de padecer en nombre de Dios y nos advierte sobre las consecuencias de no corregir las fallas doctrinales, como les ha sucedido a quienes se desviaron de la verdad.


3. Escatología Presente y Futura.

La tensión teológica entre la escatología realizada (característica del Evangelio de Juan) y la escatología futurista/apocalíptica (predominante en Apocalipsis), cómo ambas perspectivas coexisten en la teología del autor.

 Juan presenta la tensión teológica entre la escatología realizada y la escatología futurista/apocalíptica y cómo ambas perspectivas coexisten. El “ya pero todavía no” de Juan, ha sido una de las lecciones más importantes que me ha dejado este curso. Porque nos muestra una eternidad presente, donde los eventos del fin de los tiempos no son cronológicos, sino que ya han comenzado con la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo. Como bien señala David Turner: «El interés de Juan no es tanto proyectar lo que será sino describir lo que es a la luz de lo que será. Lo que anticipa lo que será, y lo que será, ya ha comenzado. Los seguidores de Jesús ya han sido resucitados por su palabra a la vida eterna»¹³. Es decir que Dios reina en la era presente y reinará más plenamente en la era por venir.

 Estas dos perspectivas coexisten en la teología de Juan, porque es algo que el propio Jesús reveló en este Evangelio. En Juan 3:18, se afirma que el que cree no es condenado, pero el que no cree, ya ha sido condenado; y en Juan 5:24, Jesús dice que el que oye su palabra, y cree al que le envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, pues ha pasado de muerte a vida; esto nos muestra un juicio parcial que se ejecuta con la decisión de cada persona en este lado de la eternidad, pero se llevará a cabo todavía en el futuro, «porque Jesús dijo que los que no son salvos y los salvos, respectivamente, [la salvación y condenación] las experimentarán en su regreso: «estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna» (Mt 25:46)»¹⁴. Como señalan Christopher W. Morgan y Robert A. Peterson: «Nosotros vivimos la tensión entre el «ya» y el «todavía no». Los grandes eventos de la muerte y resurrección de Cristo han ocurrido. Sus efectos han empezado, pero sus efectos completos esperan a Su regreso»¹⁵.


4. Dualismo Teológico.

 Una de las características de la teología de Juan es su uso de contrastes o dualismos joánicos a lo largo de su Evangelio y en el Apocalipsis. Estos contrastes —que son mi parte favorita de Juan— explican el propósito de la venida de Jesús al mundo, la salvación y la condenación, y nuestra obligación de tomar una decisión ante esta realidad; y alcanzan su cúspide en las visiones de Patmos.


Luz y tinieblas. Juan presenta a Jesús como la "luz del mundo", "la luz de los hombres" y "la luz de la vida" (1:4-9; 3:19-21; 8:12; 9:5; 12:34-35; 12:46; 1 Jn 1:5 y 2:8). Esto se consuma en Apocalipsis 21:23-24: «La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella». Su contraste son las tinieblas, que "no prevalecieron contra ella", pero "los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas", por eso el Señor declara: "el que me sigue, no andará en tinieblas" (1:5; 3:19-21; 8:12; 9:5; 12:35-36; 12:46; 1 Juan 1:5-6; 2:8-11). En Apocalipsis 18, las tinieblas aparecen en la gran Babilonia: «Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades» (18:4-5), También en el "lago de fuego y azufre" el lugar de tormento donde serán lanzados todos los que rechazaron al Señor Jesucristo y vivieron apartados de la voluntad de Dios: «Y fueron juzgados cada uno según sus obras. [...] Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego» (20:13, 15).


Verdad y mentira. Jesús es "la verdad" encarnada, o como Juan lo llama "lleno de gracia y de verdad", afirmando que "la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" y declara que "este es el verdadero Dios" (1:14, 17; 14:6, 17; 15:26; 16:13; 17:17; 1 Juan 5:20). En Apocalipsis 3:14 y 19:11, aparece como "el testigo fiel y verdadero" y "el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero". Lo contrario al diablo que es el "padre de mentira" y del engaño: "cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira" y "el que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él", además "¿quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?" y "en esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error" (8:44-45; 1 Jn 1:6, 2:4, 2:21-22, 4:6). Este ser maligno se presenta en Apocalipsis 12:9: «Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él». También se manifiesta en la Bestia y el falso profeta: «Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió» (13:14).


Origen de arriba y origen de abajo. Jesús viene "de arriba" del Padre, para revelarnos la verdad: “El que de arriba viene, es sobre todos" (3:31), y dice que hay que "nacer de arriba" para ver el reino de Dios (3:3-7). Jesús dijo: "yo soy de arriba" (3:31: y 8:23) y "yo no soy del mundo" (8:23 y 17:14-16). Y este origen de arriba, se encuentra en la ciudad celestial, la nueva Jerusalén: «Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido» (21:2) y «me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios» (21:10). Su contraste con el "origen de abajo". Los que lo rechazan son "de abajo": "Vosotros sois de abajo" y "vosotros sois de este mundo" (8:23) y "el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla" (3:31), también "lo que es nacido de la carne, carne es" (3:6). Otros pasajes: 17:14-16; 1 Juan 2:15-16. Esto se consuma en Apocalipsis 11:7 en la bestia que su origen es de abajo: «Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará» y 17:8: «la bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será».


 
























BIBLIOGRAFÍA


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